Somas y ventanas

SOMA:
El fin de año trajo, forzado o no, un proceso doloroso...
En esos días salió toda la mierda... hablada, gritada, rumiada y vuelta a ser hablada...
A principio de este año recién estrenado, sucesivamente sufrí una especie de angina y el miércoles 7 una intoxicación. Esa misma noche vomité contenidos digestivos que ni imaginaba que tenía y superaban por mucho la ingesta de las tres semanas anteriores.
Largué TODO, por arriba y por abajo.
¿Qué querrá decir todo esto?
VENTANAS:
Del Capítulo 147 de Rayuela - Julio Cortázar.
"(...) hay que abrir de par en par las ventanas y tirar todo a la calle, pero sobre todo hay que tirar también la ventana, y nosotros con ella. Es la muerte, o salir volando. Hay que hacerlo, de alguna manera hay que hacerlo."
Iguales, pero diferentes

Cuando compartí la foto de este alcanfor que, en pleno verano, daba una hoja colorada, esperable en otoño pero nunca en diciembre, un alma sensible me regaló la lectura de un fragmento del poema EL ALBATROS, de Baudelaire. Todo relacionado con el ser diferente, el ser burlado quizás, el ser demasiado sensible y tener dimensiones demasiado vulnerables para un mundo como éste. Sigue el hermosísimo poema:
Por diversión, a veces, los marineros cazan
algún albatros, grandes pájaros de los mares,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al barco que navega sobre abismos amargos.
Ni bien los dejan sobre las planchas de cubierta,
esos reyes del cielo, torpes y avergonzados,
arrastran, lastimosos, sus grandes alas blancas
al costado del cuerpo, como si fueran remos.
¡Ese viajero alado, qué tosco ahora, y qué enclenque!
¡Tan bello hace un instante, qué feo y qué ridículo!
Para burlarse, uno le da a fumar en pipa;
otro, haciéndose el rengo, imita al que volaba.
El poeta es semejante al señor de las nubes,
que vive en la tormenta y se ríe del arquero;
exiliado en el suelo, abucheado por todos,
sus alas de gigante le impiden caminar.
Escalera en Avenida de Mayo

Hermosa escalera en un edificio de Avenida de Mayo al 1100, en Buenos Aires.
Sucesión II
Las noticias: Videos con la ejecución de Saddam, discursos de Chávez, el chequeo por email que los británicos pueden hacer acerca del nivel de amenaza terrorista, la web española que incita a la anorexia, la encuesta de Clarín que arrojó que un 75% de los encuestados piensa llevar a sus vacaciones aparatos tecnológicos (de ellos, la mayoría lo hará para estar conectado), los cibervigilantes texanos que chequean diariamente las imágenes de 12 webcams instaladas en la frontera y le cuentan a las autoridades si ven algún "intruso" mexicano (estos "Gran Hermano" en negativo, ayudaron a la detención de 10 inmigrantes ilegales, y hay más de 200.000 entusiastas del buchoneo registrados para señalar la entrada de los vecinos tercermundistas), Bielorrusia cortándole el gas a Europa Occidental, el nuevo plan de Bush para Irak y el reconocimiento de sus 'errores' con el plan anterior (errores=muertos). Más de este lado, en Argentina, el gobierno y su pretendido triunfo sobre la inflación en 2006, que fue de un dígito sólo por algunas manganetas, pero en rigor sufrimos incrementos, los cortes de rutas, las protestas, los crímenes que para la sociedad voyeurista se convierten en culebrones de la realidad, los hospitales con sus eternas deficiencias, las huecas notas costumbristas de verano, etc, etc, etc. Todo esto anunciado por la mass media a grandes voces, con gran velocidad y casi en simultáneo con cada acontecimiento.Entonces uno recuerda a Heidegger: "Cuando se haya conquistado técnicamente y explotado económicamente hasta el último rincón del planeta, cuando cualquier acontecimiento en cualquier lugar se haya vuelto accesible con la rapidez que se desee, cuando se pueda «asistir» simultáneamente a un atentado contra un rey en Francia y a un concierto sinfónico en Tokio, cuando el tiempo ya sólo equivalga a velocidad, instantaneidad y simultaneidad y el tiempo en tanto historia haya desaparecido de cualquier ex-sistencia de todos los pueblos, [...] entonces, sí, todavía entonces, como un fantasma que se proyecta más allá de todas esas quimeras, se extenderá la pregunta: ¿para qué?, ¿hacia dónde?, ¿y luego qué?"Heidegger, Introducción a la Metafísica.
Pocas palabras, mucha música: Wagner
Anoche en casa nos dimos un concierto sin la violencia de la luz artificial de la sala, aprovechando resplandores de la calle y mirando hacia las plantas del balcón, mecidas por un viento que aliviaba el calor.
Sonaron Rachmaninoff y Wagner. De este último, todas sus oberturas.
Conversamos sobre hipótesis acerca del gusto de los nazis por la obra wagneriana. Evidentemente las leyendas teutonas (excepción, Tristán e Isolda, que es celta) exaltaban lo nacional, lo germano.
Pero entonces escuchamos las oberturas tratando de no recordar el horror nazi, ni las exaltaciones de los '30s. Mirando hacia un siglo anterior, cuando fueron compuestas.
Volviendo a leyendas, hablando de Kirsten Flagstad (una de las sopranos que mejor ha interpretado a Wagner, la mejor "Brunilda" según muchos, la intérprete que siempre me nombra la abuela, sobre todo en "la muerte de Isolda").
Entonces hoy, husmeando, encontré un video en el que Bob Hope presenta a Flagstad. Y una versión, muy limpia, para escucharla en El Poder de la Palabra, de Isolde Liebestod, la muerte de amor de Isolda. La sinopsis de la ópera puede leerse en Wagnermanía. Es muy larga para sintetizar aquí. Otra leyenda hermosísima, hecha ópera, es Tannhäuser. Una buena síntesis es la del Espasa-Calpe: Tannhäuser es un "personaje de la leyenda alemana, que habiendo penetrado en el interior del Venusberg (Montaña de Venus) fue a impetrar el perdón de sus pecados al papa Urbano IV, quien se negó a concedérselo mientras no reverdeciese un palo seco que le mostró. Desesperado ante lo que él juzgaba imposible, volvió Tannhäuser a la Venusberg, pero al tercer día se realizó el prodigio reverdeciendo el bastón, y aún cuando el pontífice mandó a buscar a Tannhäuser por todo aquel país no se logró dar con él. Esta leyenda inspiró a Wagner para su ópera (1845)."
Hermosa obertura también ésta.
Es cautivante ese dolor desgarrador, la desazón de Tannhäuser que se vuelve descorazonado, no perdonado por sus pecados. El mismo desgarrador dolor de amor, profundísimo, de Isolda. Y todo eso tan bien expresado por la música. Tanto, que sobran mis palabras.
Además de los links, posteo arriba un video de la única: Kirsten Flagstad, interpretando a Brunilda, en La Walkiria.
Música nueva: El "HANG"
Estuve pensando seriamente en cerrar este blog, o más bien, dejarlo abandonado, por calvicie de ideas y abulia... Pero Buenos Aires y sus calles siguen dándome qué pensar y qué escribir para comunicar, aunque no lo lea nadie...
El miércoles íbamos con Mariana por la calle Florida y sentada allí había una chica tocando un instrumento extrañísimo y de sonido hermoso. Ella parecía salida de un bosque. Uno de esos seres etéreos que parecen extraños a la sordidez ambiente de la calle.
Ni idea teníamos acerca de qué era aquello. Sólo veíamos que se trataba de instrumento metálico de percusión, con forma de OVNI, que al solo toque -a veces, caricias- de las manos de la chica, emitía sonidos cautivantes, muchas veces parecidos a los de un instrumento de cuerdas.
Le dejé unas monedas en el gorro y seguimos escuchando un rato.
Ya estaba desesperanzada en eso de saber de qué se trataba aquél instrumento, pues la chica interpretaba largamente un lindo tema de canto y percusión y nosotras ya teníamos que irnos a una cena con gente de la oficina. No podía preguntarle nada. Y no era de los músicos habituales de la calle Florida. Era probable que no la viéramos más...
En eso, entre la veintena de personas que la escuchábamos, aparece una mujer que nos pregunta a Mariana y a mí sobre el (hasta entonces y para nosotras) desconocido instrumento.
De la nada apareció un hombre, de estas personas que por fortuna están al tanto de todo, que mágicamente aparecen cuando uno necesita saber y que, quién sabe por qué misterio, se deciden a comunicárselo justamente a uno.
La cosa es que, escuchando nuestro discurrir, nos dijo que eso era un "hang" (tuve que pedir que lo deletreara): un instrumento suizo cuyo nombre significa "mano" en dialecto Bernés. Luego dijo que costaba alrededor de € 450.
Quedó todo ahí... y me fui con Mariana, llenando la caminata de varias cuadras con comentarios sobre el hallazgo.
Hoy, dos días después, Internet viene al rescate. Haciendo click en la página de Hang Music pueden conocer no sólo algo más acerca del instrumento (muy moderno por cierto, lo crearon los suizos en el año 1999) sino además se puede escuchar buena música en la "Hang Box". Pienso: cuando uno cree que todo está inventado (incluso lo más vil) aparece gente que se dedica a agregarle al mundo cosas nuevas y buenas...
"Aguadébil" sobre la cosa nostra argentina
Después de mucho gambetear y analizar la posibilidad, finalmente vencí mi fiaca dominguera, me decidí a salir del departamento, bajar y leer mi librito en el café de la esquina de casa.
Desagradable sorpresa me esperaba en el bar: las pantallas de TV a todo lo que daban con el partido del momento y el 2 a 0 de Indepentdiente a Racing.
En eso, los incidentes de siempre y se suspende el partido.
El hombre de la mesa de atrás: "¡Qué bárbaro! ¡Qué vergüenza!". Esto lo dijo unas diez veces seguidas.
En la esquina opuesta, dos cartoneros. Eso sí que no parece ser una barbaridad para nadie. Que otros tengan que salir a revolver basura ajena.
En esta era de la híperconexión, ahora celular en mano, vuelve a la carga el tipo de atrás: "Sí, ¿Fulano? ¿Viste? ¡Que vergüenza!... Sí, sí... lo estoy viendo. Justo salí a comprar algo y me vine a tomar un café en el bar. (...) ¡Pero mirá vos! Se tiran piedras con todo... Bueh... Ahora en un rato nos vemos."
Los cartoneros están hace tanto tiempo ahí... deben estar esperando a que los porteros saquen las bolsas.
Y el de atrás que cerró el celular pero no le afloja al monólogo: "¡Qué bárbarooo!".
Dan ganas de voltearse y decirle: "Bueno. Basta, viejo. ¡Es sólo un partido!"
Ya me imagino los noticieros de mañana.
Yo estoy leyendo las reflexiones del Zaratustra de Nietzsche y he de admitir que ni bien entré al café con la intención de pasar un rato leyendo, me molestó esta especie de "copamiento" del café "amigo" por el sempiterno y omnipresente fútbol.
El de atrás se va enojado, con sus bolsas de compras y una revista de la National Geographic en la que seguirá viendo otros ejemplos de la vida animal, eso sí, un poquitín más civilizada que la de la cancha...
Pensé que con la suspensión del partido se salvaban mis planes originales de leer en paz, pero claro, ahora en la TV el dilema nacional apenas comienza y ahí está toda esa caterva de opinólogos discurriendo sobre las medidas a tomar, y bla, bla, bla...
Al fin termina el programa. A ver si puedo leer un poco... ¡Nooo! Sacan TYC y ponen Fox Sports... Boca-Quilmes. Es increíble la habilidad de esta gente para encontrar siempre un sucedáneo. Creo que deberé ir buscándole un reemplazo a este café. Al menos, los domingos a la tarde...
El carro de los cartoneros tiene una chapa que dice "ALQUILO", probablemente era un cartel de inmobiliaria.
Hace un rato, uno de ellos estaba tendido en la vereda sobre unos papeles. Ahora también se echó el otro. Se incorpora y busca algo en los bolsones. El que parece más reflexivo, más pensativo de los dos.
En otra mesa del bar una mujer que toma té con una amiga habla con una tercera por celular. Sobre algún trabajo de psicología o medicina... sobre adicciones, vulnerabilidades, consecuencias sociales...
Y en la entrada a mi edificio, el hombre del 1º, el símil Einstein que tiene problemas para caminar, entra con su perro.
La mujer del celular sigue con palabras como autocontrol, comportamiento de la persona, la alcoholemia de los choferes... Y luego "Chau, hasta mañana. Que te vaya bien", le desea a la que supuestamente tiene la entrega o el examen.
Otro colectivo 111 y dos taxis en la esquina, dos mujeres viejas cruzando hacia el kiosco.
En el interin pusieron música en el bar. La cosa va mejorando.
Por la ventana se ve: gente que pasea perros, bicicletas, padres con chicos.
Las canciones del bar: "Espero que ella vuelva y me diga..."
Parece que Einstein es dueño del VW marrón que suele estar estacionado frente al edificio. Le levantó el capot, se lo cerró. Ahora entra de nuevo. El cartonero pensativo se está fumando un pucho.
En la radio: "Muerdo el anzuelo y vuelvo a empezar de nuevo, cada vez..." Los abuelos de la Nada... "caminando, caminando, veo mil calles que tal vez yo pueda cambiar..."
Por la esquina de enfrente ya voy contando como seis o siete carritos de bebés. Hasta uno doble, con mellizos.
Ahora sí estamos todos, por la esquina acaba de pasar el "Trencito de la Alegría" lleno de monigotes, chicos aburridos y padres resignados.
El único silencioso de este paisaje que describo mal, es un gran jacarandá que llega al quinto piso del edificio. No es majestuoso, de cualquier manera es hermoso y cada tanto regala unas flores a la vereda y a la calle. Esto me recordó uno de mis pequeños sueños que se era, en el caso de tener alguna vez una casa con al menos dos metros cuadrados de jardín, poder plantar un jacarandá.
Sigo mirando por el ventanal del bar.
un poco después de ver pasar gente, decido que es suficiente, que la calle ya no me ofrece la gran cosa. Y vuelvo a Nietzsche:
"¿Qué ocurrió entonces, hermanos? Me superé a mí mismo, a mis sufrimientos; llevé mi propia ceniza a la montaña y me inventé una llama más brillante. ¡Y he aquí que se retiró de mí el fantasma!"
Todos los transmundos se han originado en el sufrimiento y la impotencia, y en esa fugaz felicidad ebria que sólo el que más sufre experimenta.
(...) Ansiaban escaparse de su miseria, pero las estrellas quedaban demasiado lejos. (...)"
"La verdad es que amamos la vida, no porque estemos acostumbrados a la vida, sino porque estamos acostumbrados al amor.
Hay siempre un poco de locura en el amor. Más también hay siempre un poco de razón en la locura. (...)
He aprendido a caminar; desde entonces 'me pongo a correr'. He aprendido a volar; desde entonces no espero a que me empujen para moverme del sitio.
Ahora soy ligero; ahora vuelo; ahora me veo debajo de mí; ahora un dios baila a través de mí.
Así habló Zaratustra."
De nuevo la calle.
Se levantan los cartoneros.
La paciencia ¿premia? al pensativo con mucho cartón que le han dado en algún lado, probablemente por la puerta de la cocina de este mismo bar en el que estoy.
El otro se incorpora más lentamente y se mira en el espejo retrovisor de la camioneta que desde hace meses está con cartelitos de venta en la esquina.
Cruza, mira al tipo del Renault que tiene un colchón en el techo. Vuelve a los carros.
Ahora desarman las cajas. Un poco después, se van.
Yo también. Pido la cuenta.
Entro al edificio.
Está la encargada en la puerta. La saludo con un: "Hola, ¿cómo le va?"
Me responde con un: "Bien, acá... terminando el domingo."
Nosotros los dinosaurios
Nacimos así
en medio de esto
mientras rostros de tiza sonríen
mientras doña muerte ríe
mientras los ascensores se rompen
mientras panoramas políticos se disuelven
mientras el chico del supermercado
termina la Universidad
mientras peces envueltos en petróleo
escupen su aceitosa plegaria
mientras el sol está enmascarado.
Nacimos asíen medio de esto
en medio de guerras prudentemente enloquecidas
en medio del paisaje de fabricas con ventanas
rotas y vacías
en medio de bares en donde la gente ya no habla
en medio de peleas que pasan de los puños
a las armas y a las navajas.
Nacimos en esto, entre hospitales tan caros que es más barato morirse
entre abogados que te cobran tanto, que es más
barato declararse culpable.
En un país donde las cárceles están llenas
y los manicomios cerrados.
En un lugar donde las masas elevan a los ineptos
a la categoría de héroes.
Nacimos en esto, caminamos y vivimos a través de esto
muriendo por esto
mutando por esto
silenciados a causa de esto
castrados,
abusados,
desheredados por esto,
engañados por esto,
usados por esto,
jodidos por esto,
enloquecidos y enfermos por esto,
convertidos en seres violentos
convertidos en seres inhumanos
por esto.
Los corazones están ennegrecidos
los dedos buscan las gargantas
al revolver
la navaja
a la bomba
los dedos se dirigen hacia un Dios insensible
que no responde.
Los dedos van a la botella
a las pastillas
a la pólvora.
Hemos nacido en medio de esta lastimosa devastación
hemos nacido en medio de un gobierno
endeudado hace 60 años
que pronto no podrá pagar siquiera los intereses
y los bancos arderán
y el dinero no servirá para nada.
Habrá asesinos libres e impunes por las calles
habrá pistolas y mafias oficiales.
La tierra se volverá inútil
los alimentos serán una recompensa que se esfuma.
El poder nuclear estará en manos de la mayoría
explosiones sacudirán la tierra.
Hombres robot afectados por radiaciones
acecharán a otros hombres.
Los ricos y los elegidos observarán
desde plataformas espaciales.
El infierno de Dante parecerá un juego de niños.
El sol ya no se verá y será siempre noche
los árboles morirán
toda la vegetación morirá
hombres afectados por radiaciones comerán
la carne de otros hombres afectados por radiaciones.
El mar estará contaminadolos lagos y los ríos desaparecerán
la lluvia será el nuevo oro.
Un viento oscuro esparcirá el hedor de
cuerpos putrefactos de hombres y animales
los escasos sobrevivientes serán,
asediados por nuevas y horribles enfermedades.
Y las plataformas espaciales se irán destruyendo por el desgaste y la escasez de provisiones
y el simple efecto de la decadencia general.
Y entonces surgirá de eso
el silencio más hermoso
jamás oído
y el sol todavía ahí, oculto
estará esperando el próximo capítulo.
C. Bukowski
Bloody Sunday

Escribo esto detrás de una receta homeopática.
Maldito domingo.
A eso de las seis no podía más con el encierro horizontal y salí del departamento, a caminar. A las dos cuadras, y cuando venía observando que increíblemente todavía la vereda estaba llena de flores de jacarandá sin pisotear pero insistentemente barridas por un comerciante, se me ocurrió ir a ver qué daban en el cine. (Sin compromiso, si nada me llamaba la atención, me daba media vuelta y listo). En la fila, saqué entusiasmada mis cupones de descuento pero ¡cuac! habían vencido el 25/10. No solamente la entrada iba a costarme $ 14,50 sino que la cajera me enchufó un horroroso bombón de fruta por los $ 0,50 de vuelto.
Faltaba todavía un rato largo antes del inicio de la función, de lo que se derivó una caminata sin rumbo, buscando un locutorio para hablar con mi abuela y avisarle que volvería tarde y que la llamaría tarde también.
Otra vez se me presentó la recurrente idea de la calle hostil. Para conjurar a esta enemiga se me ocurrió ir a algún café. La ausencia de bares con mesas libres sobre las ventanas para pasar el rato hasta el inicio de la película, me llevó a sentarme en esta oscura y roja sucursal de "il Gatto" en donde hojeo distraída un ejemplar de la insulsa revista "Viva".
Curiosidad del tour pre-cine y pre-café: en las cabinas del locutorio, que quedaba dentro de un kiosco de golosinas, había calcomanías de "Asistencia al Suicida". Me pregunto... los potenciales suicidas... ¿se darán el tiempo para caminar hasta el locutorio amigo antes de tomar la terrible determinación? Yo pensaba que, además de las consabidas opciones que albergan las vías del tren o del subterráneo, el suicidio era algo que se decidía en la pesada soledad de la casa. Aunque pensándolo bien, quizá justamente por eso pegaron allí los stickers: para los que salen a estar solos-entre-otra-gente. Al menos para esos.
La película merece un capítulo aparte. La verdad es que había sacado la entrada sin pensar mucho en las opciones. No quería nada lacrimógeno, aterrorizante, pesadamente político ni tontamente pasatista. Pero, entre todas las posibilidades, elegí la que me pegó por un subtítulo que prometía algo: Pequeña Miss Sunshine (Todos quieren parecer normales).
Me pegó eso de la normalidad y la apariencia. También el hecho de que se tratase de una película seleccionada del Festival de Sundance. Entré sin embargo dispuesta a pasar el rato, y poco más.
Salí maravillada con una trama que va y viene de manera muy inteligente sobre figuras de perdedores que aspiran a más sin lograrlo, pero sin caer definitivamente. Me pareció tremendamente humana. Como dice alguna crítica, es un "vistazo a las sorprendentes recompensas de ser un perdedor dentro de una cultura obsesionada con la victoria."
La vuelta fue con el buen sabor del rato pasado, con el paso apretado enfilando a casa, con las flores de jacarandá aplastadas o barridas, tan distintas de apenas unas horas atrás.
Y así pasó otro inapetente, cansado, hastiado, desanimado, pesado, adormecedor, soporífero, desesperante, fastidiado, tedioso, hartante, interminable y desganado domingo.
Mejor que si lo hubiese planeado.
A veces las cosas salen así.
Por suerte.
Saber hacer, disfrutar lo que se hace

"Creo que uno debería intentar hacer aquello que sabe hacer, y algo aún más importante, debería aprender a reconocer a tiempo qué es lo que sabe hacer."
Federico Fellini
Dylan

Sí, soy un ladrón de pensamientos,
un ladrón de almas no, se los juro;
he construido y reconstruido
sobre lo que está esperando
porque la arena de las playas
esculpe muchos castillos
sobre lo que ya estuvo abierto
antes de mi llegada
una palabra, una musiquilla, una historia, una línea,
llaves en el viento para que mi mente huya
y proporcionar a mis cerrados pensamientos una
[corriente de aire fresco,
no es lo mío, sentarme y meditar
perdiendo el tiempo preguntándome
pensando pensamientos que nunca han sido
[pensados,
pensando sueños que nunca han sido soñados,
nuevas palabras que se armonizarían rimando...;
nuevas palabras que se armonizarían rimando...,
me importan un pito las reglas nuevas
puesto que aún no han sido fabricadas;
grito lo que suena en mi cabeza
sabiendo que yo y los de mi especie somos
lo que haremos con esas reglas...;
si la gente de mañana
tiene la verdadera necesidad de las reglas de hoy,
fiscales del tribunal supremo, únanse,
el mundo no es más que un tribunal,
sí,
pero yo conozco a los acusados mejor que ustedes
y mientras ustedes se dedican a juzgarlos,
nosotros nos dedicamos a silbar,
limpiamos la audiencia,
barriendo, barriendo,
escuchando, escuchando,
guiñándonos el ojo,
cuidado,
cuidado,
pronto les tocará a ustedes.
BOB DYLAN: Escritos y dibujos.
Esto es citado por Gilles Deleuze en su libro "Diálogos" con Claire Parnet.
Y lo que escribe Deleuze a continuación tampoco tiene desperdicio:
"Arrogancia y prodigio, modestia también de este poema de Bob Dylan. Lo dice todo. (...)
Ni método, ni reglas, ni recetas, tan sólo una larga preparación. (...) Tener un saco en el que meto todo lo que encuentro, pero a condición de que también me metan a mí en el saco. En lugar de resolver, reconocer y juzgar, hallar, encontrar, robar. Reconocer es lo contrario del encuentro. Juzgar es oficio de muchos, y no es un buen oficio; no obstante es el uso que muchos hacen de la escritura. Antes ser barrendero que juez. Cuanto más se ha confundido uno en la vida, más lecciones da; nadie mejor que un estalinista para dar lecciones de no-estalinismo y enunciar nuevas reglas. Hay toda una raza de jueces. La historia del pensamiento se confunde con la de un tribunal, pretende ser un tribunal de la Razón pura, o de la Fe pura... Por eso las personas se atreven a hablar con tanta facilidad en nombre y en lugar de los demás, por eso les gustan tanto las preguntas y saben plantearlas y responderlas tan bien.
También hay quienes reclaman ser juzgados aunque sólo sea para que se les reconozca culpables. En la justicia se invoca una conformidad, aunque sea a reglas inventadas, a una trascendencia que se pretende desvelar, a unos sentimientos que los empujan. La justicia, la justeza, son muy malas ideas. Hay que oponerles la fórmula de Godard: no una imagen justa, justo una imagen. Da igual en filosofía que en una película o en una canción: no ideas justas, justo ideas.
Y aquí me viene "justo" una frase que Susana me mandó el otro día, a propósito de este director de orquesta finlandes, Esa-Pekka Salonen (traduzco más abajo):
"I believe we are seeing the light at the end of the tunnel. We can find new power in the physical dimension... I am no longer interested in distance. I want to be near things and in the middle of things, not outside,"
"Life is too short to be wasted entirely on theoretical deliberation. Self-expression is of growing importance to me. I am increasingly interested in the musical elements that produce reactions in listeners: the factors that stir the feelings of listeners, make them laugh and make them cry."
“Creo que estamos viendo la luz al final del túnel. Podemos encontrar un nuevo poder en la dimensión física… Ya no estoy interesado en la distancia. Quiero estar cerca de las cosas y en medio de las cosas, no afuera."
"La vida es demasiado corta como para desperdiciarla únicamente en deliberaciones teóricas. La auto-expresión adquiere creciente importancia para mí. Estoy cada vez más interesado en los elementos musicales que producen reacciones en los oyentes: los factores que movilizan sus sentimientos, que los hacen reír y los hacen llorar.”
Él habla sobre su métier, pero no deja de estar vinculado con lo que exponen Dylan y Deleuze a su modo.
Díganme ahora quién de nosotros, en medio de la superabundancia de información y teorías, en medio del ahogo de ofertas y la apabullante ola de consumo de cosas, ideas y personas, no ha querido retirarse, al menos por un rato... casi jugando, a la simplicidad, a la sencillez. A un ámbito en donde todo esto (cosas, ideas y personas) sean más claros, más diáfanos, menos amenazantes, menos hostiles.
La imagen la tomé cuando cursaba Fotografía, allá por el '95. Se trata del hermoso Puente Viejo de San Antonio de Areco.
Avec Matisse, mit Bach



Estas son las cosas que permite la visita a casa de mi familia. Estoy en la PC de mi hermano. Posición de Buda sobre la silla. Escucho el Concierto para 2 violines BWV 1043 de Bach, mientras busco pinturas de Matisse...
Imágenes (en orden): Matisse, Flores en un jarro / Matisse, Pensamientos sobre una mesa / Fotografía de Matisse.
He venido hasta tí, Madre...

Es raro lo que siento ante los grandes desplazamientos, las alocadas corridas, las compulsivas compras, las oleadas humanas que genera cualquier fecha significativa (Fiestas de fin de año, día de la Madre, del Padre, del sobrino, del podólogo, o los fines de semana largos, among others...)
Siempre fui de esos que se dan media vuelta si, al llegar al cine, la cola supera por largo el placer de sentarse a ver la película. Ni qué hablar de esperar afuera de un restaurante para comer. Ningún boliche y su comida son tan fuertes como para que el sacrificio valga la pena. Prefiero ir a contrapelo, prefiero las temporadas bajas, prefiero las horas vacías, las caminatas en domingo al mediodía (cuando el resto come los fideos con tuco), cuando el resto del orbe mira una final de Mundial de fútbol y así...
Pero hoy hube de tragarme cada una de estas palabras y bohemias preferencias.
Necesidad: Debía ir "a provincia" y recorrer casi 60 km. Les debía una prometida visita a mi madre y a mi abuela. Después de esperar en vano un taxi vacío para llegar a los pies del caballo de Garibaldi (Plaza Italia, bah) decidí tomar mi bondi de cabecera, el nunca bien ponderado 111. Y fue llegando a La Rural que comprobé la locura humana en la que debía insertarme: una cuadra de cola hasta la garita en la que venden los boletos, para luego ser la feliz acreedora de un puesto al final de una segunda cola, esta de 250 mts de extensión doblando por Av. Sarmiento para, al rayo de Febo, esperar que los colectivos se fuesen llenando con ganado sentado y en pie y, por eso que se llama justicia, luego de casi una hora de espera, poder acceder a uno de los vehículos.
Todo esto trajo a colación mi recurrente idea sobre la ESCASEZ. La mezquina oferta de un "algo" (poco) que "muchos" buscan al mismo tiempo. En este caso, transporte. Mi mente asoleada también podría haber recordado esas películas catastrofistas en las que el mundo sufre un colapso y las gentes se tirotean por un bidón de agua. Dicen que esto no está lejos... Por agua, por petróleo o por un asiento en el 57, es increíble cómo el mundo puede conocerse también a escala. Y aquí viene lo interesante, y es que en esta muestra que sufría la escasez que acabo de mencionar, ya aparecían brotes de violencia. Humanos son los humanos.
La odisea incluyó insultos de tipos de atrás mío que les gritaban "Caraduras" a unos de adelante que hicieron la fila pacientemente como todos, pero luego dejaron insertarse a una supuesta madre de uno de ellos y una hermana.
"¡Eh! Ustedes dos no estaban antes. Se colaron a último momento"
"Es mi vieja. Además nosotros sí hicimos la fila. ¿Qué querés? ¿Que viajemos en otro colectivo? Mirá que si querés viajamos separados y ellas en otro colectivo" Decía el de adelante.
Ni el de adelante amagó siquiera a decirle a madre y hermana que hicieran la cola desde atrás, ni el de atrás se calló.
En fin... el de atrás, el protestante, quería tomarme de testigo de su enojo, diciendo:
"¡No puede ser! Hay gente que hace lo que quiere porque los demás se lo permiten. Yo soy valiente y se los digo, ¡sí señor! Porque al final, con los cobardes que no dicen nada, no se llega a ninguna parte." Con lo cual, yo de a ratos asentía al sermón del "valiente" mientras iba levantando mi cabeza como avestruz y haciendo rápidas cuentas (a metros del cuarto colectivo que venía desde que llegué) a ver si con la gente que tenía delante (incluidos los "desfachatados") podría sentarme.
Punto uno: la inclusión de los supuestos "desfachatados" y de unas cuantas personas más con derecho a excepción (por estar con bebés, o con dificultades: bastones, edad) igual nos permitiría sentarnos a mí, al protestón y a una decena detrás de él. Por esta conclusión decidí no llevarle mucho el apunte al "justiciero" de la fila.
Punto dos: Al minuto de pronunciada su diatriba, y luego de mis cuentas de cabezas precedentes en la fila, reparé -siempre con mi habitual rapidez mental- en el discurso del tipejo: "los cobardes que no dicen nada"... Perdón, ¿a este señor no se le habrá ocurrido incluírme a mí en ese grupo? ¿A ver si todavía asiento con la cabeza, como quien no quiere comprometerse mucho, y resulta que el tipo me está insultando? En fin, sea por H o por B, dejé de prestarle atención. Que me diga cobarde, que les grite a los de adelante lo que quiera. Yo no tengo muchas ganas de discutir nada y menos de ejercer una justicia inane luego de una hora parada bajo el sol, cargando pesado bolso acompañado de bolsas satélites.
Adiós vos y tu protesta.
En la puerta del colectivo, el guarda: "¿Boletos? Graciassss."
Qué suerte, ahí hay un asiento contra la ventanilla. Todavía no entiendo cómo estoy acá en lugar de, fiel a mi estilo cansino y poco amigo de las aglomeraciones y gregarismos, haber pegado media vuelta y a otra cosa.
Pero en la casa materna me esperaban. Y tener quien te espere, no es poco.
¡FELIZ DIA VIEJA!
El año próximo lo festejamos o una semana antes o una posterior. Idea de mi madre, que tampoco es amiga de las movilizaciones en masa.
Imagen: Klimt, Madre e hijo. Circa 1905
Ausencia y días con detalles que fueron todo
Hace mucho que no escribo nada. Ya ni siquiera sé si habrá alguien del otro lado leyendo esto.
La verdad es que en este tiempo he tenido un ánimo intermitente... y si bien se me han ocurrido cosas para postear, lo cierto es que al día o al momento siguiente pensaba que no valían la pena ser escritas, cometiendo así el error capital que señalan como escollo a evitar en cualquier curso de escritura que se precie: no ejercer la (auto) censura previa.
Estoy con una abulia impresionante. Y no hay brebaje homeopático que me la quite.
El lunes tuve un día especialmente gris. Noticias terriblemente tristes y, menos grave pero no por ello menos "coadyuvante", cierta chatura en las tareas de todos los días, la perspectiva de correr la coneja quién sabe cuántos días por este pago a cuenta gotas que están haciendo en el laburo...
Salí casi a horario del trabajo. Fui a cambiar unas zapatillas que me quedaban chicas. Caminé por Florida y ahí estaban: el grupo Pollerapantalón. Dos minas (saxo) y tres flacos (bajo, guitarra y batería) que tocan una música que le levanta el ánimo a cualquiera.
El fin de semana había sido especial. Con ratos al sol en la plaza, caminatas lindísimas sin destino pero con hermosa compañía. Redescubrí los paraísos. Árboles que me recuerdan a mi infancia y al colegio, cuyo parque estaba plagado de sus florcitas violáceas. Es increíble el aroma que desprenden y que envuelve al paseante que por estos días se largue a caminar por las calles de Palermo.
Si tengo que hablar de olores y fragancias, el martes me sorprendió otro aroma familiar. Al llegar a mi casa, y mientras abría la puerta del departamento, del "B" salió una emanación de olor a tostadas de pan francés. Me acordé otra vez de la casa de mi niñez. De mi abuela haciéndonos pan con manteca y con azúcar arriba para que nos resultara más rico a mi hermano y a mí. Esas tostadas de la señora del "B" a mi llegada me hicieron participar, al menos por un momento, de un regreso casi familiar.
A la noche vi en la TV (Canal 7, debo ser el único especimen que mira canal 7) una parodia de Fernando Peña sobre una directora de escuela a la que comparaba con una lengua a la vinagreta. No quiero ser maliciosa, pero el personaje estaba tan logrado que me recordó mis días de primaria, con la directora y la subdirectora, sumadas a la actividad censora de la terrible maestra de música, la "señorita" Inés. A lo largo de mis años de colegio supe de historias de súbitas descomposturas de estómago casualmente los días martes, en chicos perfectamente sanos que no querían enfrentar a la temible maestra. Un día le dio por descubrir quién pronunciaba "imista" en el verso de Aurora "el áureo rostro imita". Yo juro que lo cantaba bien, pero a la muy chota le dio por pensar que era yo quien decía imiSta. ¿Cómo podía saberlo, si nos hacía cantar los versos a 70 monas al mismo tiempo?... "Es Usteeeed, es usteeeeed" me decía la malvada apuntándome con el dedo, con esa manera antinatural y militaroide, que nunca entendí, de tratar de usted a los párvulos y post-párvulos. Otra cosa que recuerdo es que siempre me retaba por no tener los zapatos lustrados y por tener las uñas sucias. Decía "No son uñas de señorita". La muy perversa nos revisaba las uñas después del recreo. Era bastante obvio que después del juego las tendríamos sucias... en fin... mal recuerdo...
Algo bueno en este balance octubrero que va de sábado a jueves, fue el llamado sorpresa de mi amiga Susana. Esta Susana es genial. Yo estaba imbuida en un flujo denso de papeles, cuentitas contables, facturas y otras menudencias y cochambres propias de oficina, cuando su llamado por suerte me sacó de la inmundicia de escritorio para traerme otros aires, y hablar en un recreo de unos minutos, de cosas bellas como "La Mer" de Debussy y de un director de orquesta que no conocía llamado Esa-Pekka Salonen. Entonces recordé que, hace unos meses, cuando estaba interesada en las estampas japonesas a propósito de su influencia en los impresionistas, ví un programa en AE Mundo o Film&Arts (no recuerdo) en el que decían que justamente Debussy se había inspirado en "La Gran Ola" de Okusai para su poema sinfónico "La Mer". Luego de este aire, he de decir que regresé al opiante panorama de mi escritorio con mejor ánimo. Un súbito entusiasmo que se acrecentaba a medida que se acercaba la hora de salir de la oficina.
En este caleidoscopio de imágenes que viví en estos últimos días también entra el préstamo de "Rayuela" a Mariana, que venía pidiéndome el libro hace rato para sus lecturas de tren. Yo acostumbro marcar frases y párrafos en lápiz y hete aquí que le llamó la atención una frase que transcribí en lápiz a la primera hoja (blanca) del libro: "Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir. Y con fe casi siempre tampoco." Una frase cierta pero poco adecuada para ciertos momentos de vida. Yo la copié en su momento, hace años, cuando me impresionó hondo quién sabe por qué.
Igualmente la misma que se encandiló con la frase y necesitó copiarla adelante, es la que ayer en Corrientes y Florida compró un billete de la Lotería Solidaria. Ando corta de guita y me llamó la atención el 11573. Lo vi a 10 metros y me pareció que me llamaba. Lo pensé, pero me decanté por comprarlo. Era solo $ 1.- Y la vendedora me deseó suerte de una manera que me hizo abrigar la esperanza de ganar algo. Para qué voy a contarles que ni siquiera salvé el billete con la terminación. Salió el 90078. Pero en fin... yo creo que sí sirven la fe y la esperanza, en dosis estrictamente medidas para no delirar. Pero sirven. Sostienen. ¡Qué importa que no sean duraderas!
Cuando le conté al Flaco, al llegar a casa y mientras me lavaba las manos, el episodio de la frasecita, abrió grandes los ojos y creyó entrever que la frase marcaba perfectamente que las cosas no se consiguen con fe sino con acción. Cierto, en parte. La esperanza también da su empujoncito. Yo me he dado cuenta que en esta abulia intermitente pero recurrente que me voltea últimamente, es el también intermitente entusiasmo el que me hace obrar lo poco que finalmente obro.
Tampoco creo en ese heroísmo olímpico de caerse y levantarse como un resorte, con la frente alta y siguiendo adelante contra viento y marea. Seguramente habrá gente que lo haga. También hay gente que expedicionó a la Antártida y cuyo lema era "fortitudine vincimus" como Shackleton. Qué bueno que existe esa gente. Los felicito. Equilibran el universo y contrarrestan a gente como yo, de gelatinosa existencia y cansado ánimo... Qué zen estoy, con estas ideas de equilibrio de fuerzas y energías.
A propósito, otro hecho de estos días, el libro de Lovecraft que me trajo el Flaco anoche: "En las montañas de la locura." Justamente sobre una expedición a la Antártida.
A favor de mi persona, y para paliar tanta imagen de gato cansado tirado en un sillón al sol, diré que lo empecé a leer con intriga. Y otra a favor, para combatir el desgano y la apatía mental que reinan hoy en mí es el curso que empiezo hoy, también con la gratísima compañía del Flaco, sobre los griegos y La Verdad Frágil... Me conozco. Seguramente postearé comentarios e impresiones de estas charlas. Así que para qué abundar ahora en detalles.
Lo cierto es que aprovecharé los súbitos raptos y vientos de entusiasmo que soplan en las velas de mi barco, que últimamente no ha hecho más que girar en redondo.
Veremos a dónde me lleva la corriente y qué nos trae la marea.